
QUEJÍO
El grito del flamenco desde lo más profundo
Por Emilio Morenatti
Son las once de la noche y buena parte de Sevilla se dispone a dormir. Sin embargo, una multitud se ha reunido frente a un escenario a orillas del Guadalquivir, junto al puente que conecta el centro de la ciudad con un barrio estrechamente ligado a la historia del flamenco.
La noche conserva todavía el calor del final del verano. El público se abanica mientras los músicos ocupan sus lugares.

José Sánchez Triguero · Itoli de Los Palacios
“Un sentimiento que nace de mis adentros… un grito de dolor.”
— Itoli de Los Palacios

Fabiola Pérez · La Fabi
Entonces, Fabiola Pérez lanza un prolongado «Aaayyy» que atraviesa el río.
Ese grito, conocido como «quejío», es una de las expresiones más reconocibles del flamenco. Intenso, a veces gutural y a menudo prolongado hasta casi quebrarse, permite al cantaor ir más allá de la letra para alcanzar algo más íntimo: el dolor, la pasión, la ausencia, la memoria.

José Ángel Carmona
“Cuando canto mi corazón habla….es búsqueda, sentirme libre y dejarme llevar….”
— José Ángel Carmona

Francisco José · Arcángel
“Me gusta buscar la perfección esperando que nada sea perfecto.”
Arcángel

Diego Vargas · El Boquerón

Montse Cortés
Durante varias semanas, la Bienal de Flamenco de Sevilla, una de las grandes citas internacionales del género, transforma la ciudad en un escenario. El cante se extiende por las orillas del río, patios, iglesias y antiguas fábricas, reuniendo a artistas consagrados y nuevas generaciones.
Una y otra vez, los cantaores hablan de hermanos que ya no están, de la inocencia perdida, de las fatigas de la vida, de sus raíces. Del miedo a sobrevivir. De Dios. O de una mente que se vacía y se abandona al lamento que brota desde dentro.

Manuel Orta
“Busco la pena que está ahí en el fondo y siempre llevo dentro de mí.”
— Manuel Orta

Anabel de Vico
“Este mantón que mi hermano me regaló antes de morir me acompaña siempre.”
— Anabel de Vico

José Manuel Escalera · Nene Escalera
«Me veo de chico y me emociono viendo a los que ya no están. Ahí me sale el quejío».
— José Manuel Escalera · Nene Escalera

Antonio Reyes
“Yo cuando canto no pienso en nada. Mente en blanco.”
— Antonio Reyes
Nene Escalera habla de escarbar en sus raíces para llegar al origen del quejío.
Otros llegan al quejío por caminos diferentes. El artista conocido como Arcángel no habla de buscar el dolor, sino de una concentración extrema, mientras Antonio Reyes asegura que no piensa en nada. Su mente se queda en blanco, completamente absorbida por el cante.

José Valencia

Mara Rey
“Mi quejio es de amor y pena para mi madre y mi hermano.”
— Mara Rey

Ezequiel Benítez
“Soy pasado y presente… aquel pensamiento que se quedó dentro y que hoy vuelve a buscarme.”
— Ezequiel Benítez

Esperanza Fernández
«Huérfana y vulnerable, canto para ellos».
— Esperanza Fernández
Para Esperanza Fernández es una invocación. A través de la siguiriya —un cante profundo marcado por el lamento— llama a sus padres, fallecidos recientemente.
Convertido en fotografía, el artista parece olvidar el escenario y al público. Los ojos se cierran. El rostro se contrae. Las manos se aferran al cuerpo o buscan algo en el vacío.
Durante unos segundos, una actuación se convierte en algo privado.

Aurora Vargas
“El quejío no está en mi garganta.“Está en la emoción.”
— Aurora Vargas
Cuando los cantaores contemplaron las fotografías de sí mismos en el instante de soltar el quejío, reconocieron inmediatamente cada uno de aquellos momentos.
Podían regresar a ellos y explicar adónde habían viajado emocionalmente.

Juana Amaya
“El quejío del alma invoca a nuestros ancestros.”
— Juana Amaya
En ese instante fugaz en el que la luz bañaba sus rostros, en algún lugar detrás de cada expresión aparecía, quizá, un recuerdo.
Y su quejío se hacía visible….
QUEJÍO
Fotografias y texto por Emilio Morenatti para The Associated Press
Sevilla, España · 2026